«Ningún hombre puede experimentar un acontecimiento libremente, sin que una causa lo haya provocado, y detrás de cada experiencia hay una sabiduría, un mundo, una voluntad determinada».
Para acceder a ello, debemos aprender a calmar todos los mundos en nuestro interior, hasta entrar en el gran silencio consciente y atento, hasta reencontrar nuestro propio centro.
Cuando nos toca una prueba, la solución es entrar en meditación y pensar que en todas las cosas hay una razón y una sabiduría oculta.
Nunca tenemos que vivir una situación que no tenga sentido.
El masaje intuitivo esenio es un tratamiento que permite preparar la tierra y el cuerpo para instalarse poco a poco en la gran calma, el gran silencio interior.
Calma la mente, reduce la tensión y tranquiliza todos los mundos interiores, hasta que el receptor entra en el gran silencio consciente y atento.
Permite entrar en la gran calma, en el desapego confiado, en la inmovilidad del cuerpo y de los pensamientos, y finalmente aprender a meditar, a calmar la atmósfera.
A través de un toque especial y sagrado, la persona recibe la oportunidad de conectar con su yo interior. Avanza hacia una mayor conciencia de sí misma.
El terapeuta le ayuda a conectar con su respiración, a reaprender a respirar conscientemente y a aprender a calmar el torrente de pensamientos y emociones inútiles y dañinos.
A lo largo del masaje, el terapeuta utiliza su voz para guiar a la paciente hacia una mayor conciencia de las sensaciones y fuerzas que viven en su interior.
Le enseña a estar más presente, atenta y concentrada.
La anamnesis y la conversación son esenciales en todos los tratamientos y masajes.
Hablar y dejar hablar significa ofrecer a la otra persona una puerta amable, atenta y cariñosa hacia una toma de conciencia que salva vidas: con la escucha rogeriana, esto es posible.
Escuchar a Rogérienne también significa ofrecerse a sí mismo estos mismos valores, estos mismos beneficios.
Sus clientes querrán ir más lejos en su bienestar interior.
La Sofrología es un medio muy eficaz para ayudarles.
A menudo se encuentran con puertas cerradas: no hay sitio, no hay sofrólogo en la ciudad, el sofrólogo está demasiado lejos, etc.